30 enero 2005

PSICOFONÍAS

Un parque cualquiera, 6.45 a.m. Ruído, botellas y alguna conversación.
…..

-¿Te acuerdas de Inma, la rubia del Instituto?
Coño, me acuerdo hasta de los apellidos, Maria Inmaculada Sánchez Guzmán… como para no acordarse.
-¿Qué fue de ella?
Ni idea, no la veo desde hace siglos, ¿por?
-No sé, me han entrado ganas de saber de ella…
A mí de tirármela, no te jode…
-No, en serio, es en general. Últimamente cada vez que bebo se me vienen a la cabeza cosas de hace muchos años… Gente del Instituto, nuestros primeros ciegos… Laura…
Ya, eso le comentaba a Nacho el otro día. Nos está pasando cada Sábado. Terminamos hablando de dibujos animados, del Instituto, de las fiestas de fin de año… parece como si de un tiempo a esta parte no ocurriera nada bueno.
-Yo tengo una teoría… Quizás estamos cerrando una etapa, no sé, como si el cerebro estuviera compactando la memoria... son tiempos de cambio, ¿no?
Quizás… ojalá sea eso.
-¿A qué te refieres?
Nada, paranoias mías
-No, en serio…
Creo que puede ser peor. A veces pienso que en vez de cerrando una etapa estamos abriendo una herida…
-Ya… échame un cubata anda, que es muy tarde.

26 enero 2005

HÉCTOR

Hoy, en el parque, mientras Héctor echaba de comer a las palomas miguitas de pan, absorto y feliz, he tenido miedo a perderle. Ya hace un año que llegó a mi vida, como siempre llegan los huérfanos ya mayorcitos, la mirada gacha, el hablar escaso y, sin embargo, ojos de quien busca amor desesperadamente. Los primeros días se levantaba muy temprano y esperaba arreglado en la salita, con la tele apagada y sentado en una silla, como si el privilegio del sofá aún no le perteneciera. Luego bebía el café a sorbos muy cortos y mojando las galletas con delicadeza, dócil y vigilante, creo que temiendo que me arrepintiera y lo devolviera de nuevo al frío comedor de la casa de acogida, al desayuno programado, al cómete el bollo bébete el café y no llenes el suelo de migas, joder, que ya no eres un niño. Luego se limpiaba con la servilleta, la doblaba como si fuera una bandera, recogía las migas sueltas y se llevaba todo a la cocina, donde apenas me dejaba ayudarle a secar los platos lavados torpemente, platos que después yo tenía que volver a enjuagar mientras él dormía la siesta.

Eran esos primeros días un continuo ejercicio de observación mutua, días a cámara lenta. Y yo tuve la suerte de comprender desde el principio que tenía que dejarlo estar, observar las habitaciones, hacer pequeñas concesiones a ese autoimpuesto comportamiento de fantasma, hierático y silencioso. Y observaba feliz cómo iba conquistando su nueva casa, como un día apareció vestido de domingo y sentado en el sofá. Cómo después de desayunar me preguntó si podía acompañarle a dar un paseo por el parque, cómo cogía el sombrero, la bufanda y me tomaba por el brazo. Fue nuestro primer paseo, el primero en el que ví su cara de bobo viendo comer a las palomas, el primero de todo un año de paseos con la sola interrupción de aquellas dos semanas en las que caí enferma con las fiebres.

Fue apenas en la segunda semana de acogida. Volvíamos del parque mirando la ciudad vertiginosa, caminando despacio seguidos por el silencio, cuando yo empecé a encontrarme mal, llegando a casa con una fiebre tan alta que el Dr. Cifuentes tuvo que pasar aquella noche cuidando de Héctor y de mí, consciente de la delicada situación. Esas dos semanas, salvo la noche en la que Jesús Cifuentes, amigo de toda la vida, se quedó junto a nosotros, Héctor tuvo que asumir el mando de nuestra recién estrenada convivencia. Recibía al doctor cada mañana con el café hecho y una copa de aguardiente, y tras la inyección antibiótica, momento en el que Héctor aprovechaba para comprar el periódico, les escuchaba a ambos desayunar hablando en voz baja sobre mi estado, la voz de Héctor cobrando fuerza, voz que sin ver su imagen desgarbada bien sería la de un apuesto padre de familia. Luego de empezar a bajar la fiebre, apenas media hora después de cada inyección, Héctor me traía el desayuno y, mientras leía el periódico en voz alta, hacía largas pausas para regalarme retazos de su vida maquillados de una felicidad escasa. Aunque yo gozaba de algunas horas de franca recuperación, cinco o seis horas al día en las que el potente medicamento lograba apaciguar la fiebre, nunca dejó en ese tiempo que le ayudara a las tareas de la casa, realizadas por él de una forma imprecisa, caótica en el orden y las horas, pero siempre meticulosa. Fueron las dos semanas en las que “hijo” y “madre” se cambiaron los roles, uniéndonos en la misteriosa fortaleza de quienes no conociéndose apenas ya se saben parte de una misma unidad.

Por eso ahora le observo con miedo a perderle, absorto y feliz echando migas de pan a las palomas. Nunca pensé que alguien con tanto dolor en la mirada, con tanta falta de memoria de lo feliz, pudiera darme tanto amor en el silencio, en la vida monótonamente apacible, en la entrega natural de quien no sabe hacer otra cosa que querer dar las gracias a quien no las merece, pues él ha sido el que me ha salvado de la soledad autosuficiente de mi egoísmo. Cuando apenas queden hojas en el parque, en este octubre dorado de luz mate y frío resignado, Héctor cumplirá ochenta y seis años. Esa es la razón por la que le observo reteniendo cada momento, grabando en la memoria cada instante tranquilo junto a mi niño viejo.

24 enero 2005

VERANO AZUL (OSCURO)

Matar al viejo fue una decisión tanto fácil de tomar como de desarrollar en la práctica. Por un lado Ellos no podían soportar que un pescador tarado, de vida anárquica y seguramente ateo arrojara a sus hijos a la vagancia y a las ensoñaciones utópicas. Habían puesto muchas esperanzas en ellos como para que un verano en Andalucía arruinara las inversiones realizadas en su educación. Falladas todas las demás estrategias, el asesinato se erigió como la solución más efectiva.

Por otro lado la pintora también tenía sus motivos. Tras la muerte de su marido y su hijo, vivir exclusivamente de la pintura no era nada sencillo. Por eso, desde que vio el barco del pescador elevado con vigas un par de metros sobre la arena, a salvo del mar, pensó que un chiringuito-galería-de-arte con forma de barco tenía el éxito económico asegurado. Así que cuando Ellos le propusieron eliminar al abuelo, días después del numerito montado para salvar la nave del derrumbe (ideado por la pintora al ver peligrar sus planes), pensó que sus días de cruel bohemia estaban llegando a su fin.

El envenenamiento provocaría un paro cardiaco. Un fumador empedernido como era el abuelo tenía en ese uno de sus finales más probables, y una muerte por infarto con su edad era algo común y por tanto, sin mayor trascendencia. Por eso Ellos permitieron que sus hijos siguieran frecuentando el barco e incluso se hicieron amigos de él, regalándole tortillas, empanadas y algún que otro paquete de tabaco. Por su parte la pintora simulaba depresiones para desviar la atención de los niños de las visitas de sus padres al viejo. Visitas en las que lo emborrachaban y le invitaban a tapas sazonadas con un veneno leve, apenas perceptible por los sentidos, pero a medio plazo implacable.

La muerte del viejo soñador, de aquel pobre pescador que les hizo el verano entrañable, destrozó a los chicos madrileños. Pero para sus padres, no había nada que fuera peor que la degradación moral y psicológica de sus vástagos. Sólo una persona del grupo de jóvenes amigos pareció no responder al comportamiento previsto, mostrándose huraño y pensativo en lugar de destrozado por el dolor. Un joven del pueblo curtido en el trabajo y la miseria familiar, una compañía aceptada por los padres de mala gana para evitar peleas con otros chicos del pueblo. Sólo él escuchó lo que no debía aquella noche en la que fue a espiar a la atractiva pintora, como hacía cada noche. Nadie, porque a nadie le contaba ese vicio adolescente, lo supuso testigo de la macabra conversación telefónica.

Pancho fue el único de los chicos que sabía la verdad. Pero tenía la cualidad de la gente de mar, saber mirar al horizonte. Ahora, pasados los años, olvidada aquella amistad tan corta como un verano, Pancho es propietario del chiringuito más rentable de la costa, viste traje y vive como nunca soñó antes de la muerte de Chanquete. Por eso calla ese secreto y otro que de vez en cuando le hace tener pesadillas: El del triste final de la pintora. Posted by Hello

Dedicado a esa entrañable serie, que siempre recordaré con nostalgia.

23 enero 2005

GUTIERRE DE CETINA (1510-1554)

Educado en Sevilla, luchó como militar que era en Italia, norte de Europa y Méjico, donde murió violentamente. Por mucho que intente asimilar la vida de la época, donde los caballeros eran a un tiempo asesinos salvajes y cultos estudiosos de latín y griego, no puede dejar de sorprenderme (en estos tiempos del escritor-funcionario) que alguien de las características de Gutierre de Cetina, guerrero de su majestad imperial, sangre y sudor en la batalla, tuviera la templanza y el estado de gracia necesarios para escribir versos tan bellos como estos:

Ojos claros, serenos
Si de un dulce mirar sois alabados,
¿Por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos
Más bellos parecéis a aquel que os mira,
No me miréis con ira,
Porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos
Ya que así me miráis, miradme al menos.

… me voy a la cama. Mañana empieza mi batalla diaria frente a un ordenador, armado solamente con un bolígrafo y grapas. Buenas noches.
(poesía extraída de "Poesía Lírica del Siglo de Oro", edición de Elías L. Rivers, Editorial Cátedra, 1995.)

19 enero 2005

ULTRASONIDOS

Terminados los previsibles fastos de vuestro décimo aniversario, diez años, dos hijos y una hipoteca a veinticinco, tú simulabas dormir mientras él leía libros robados a vuestros hijos, cuentos infantiles que, vete a saber fruto de qué trauma, eran los únicos que anticipaban su sueño. Con los niños ya dormidos la casa estaba en silencio y tú, como cada noche, afinabas el oído como una perra vieja para pasar revista a la calma del hogar, aislando cada sonido y revisando sus matices. Él ya había comido manzanas envenenadas de su libro cuando de repente, la colección habitual de sonidos nocturnos, remotos y anestesiantes, dejó sitio a un nuevo registro, perturbador y desde aquella noche, habitual. En el centro de la habitación, jurarías que entre los dos, escuchaste nítidos los gritos de vuestros miedos.


Para Aitor, siempre agudo.

18 enero 2005

EL DINOSAURIO (de la adolescente)


Cuando despertó, Bisbal todavía estaba allí.

(tributo al genial Monterroso)

14 enero 2005

MACHADO, VIVO.

"Los ojos que tú miras no son ojos porque los miras, son ojos porque te ven." Posted by Hello

11 enero 2005

SUNDAY MORNING´S "X" FILES PART II

Una ya lo sabe, estas cosas deberían ocurrir una vez en la vida, cagarla, extraer conclusiones, no confesarlo nunca y adelante como los de alicante. Pero sin explicación alguna de nuevo te ves andando deprisa huyendo de otro imbécil que porque te ha pillado beoda y te ha echado el aliento, poco más, ya tiene derecho a compartir desayuno contigo. Anoche lo oía pero prefería no escucharlo, ni siquiera el ruido de la discoteca acallaban las frases de circunstancia con la que él creía preparar un terreno que por inacción ya había ganado. Por eso recién levantada la voz de aguardiente lo primero que había dicho era la fórmula mágica “voy a comprar tabaco y enseguida vuelvo”, las bragas sucias pero qué coño, mejor huir legañosa a desayunar con un desconocido.
Comprar tabaco y volver enseguida, una frase escueta, llena de contenido y que se le antojaba ya milagrosa, la contraseña para salir de ese cuarto forrado con posters de Anastacia y Gun´s and Roses, horteras y amenazadores. El mundo es peligroso y el tabaco también, cualquier día de estos una leve variación en esta rutina esclavizante y la jodimos. Pero ambos me son inevitables los sábados, no hace falta explicación alguna ni flechitas ni diapositivas, ya lo acepto como quien juega a la ruleta rusa de ocho a dos y de cinco a siete.
El mundo es peligroso y el tabaco también, lo veo en la tele a diario, el previsible sujeto al que tuve que (oh dios me entran arcadas de pensarlo) bien podría haber sido un psicópata y estar yo ahora en un congelador, las tetas a cachitos y mono de fumar. O peor, no sería la primera, saltar por los aires por fumar en casa de un insensato canijo y micropito que deja el butano abierto. Una ya lo sabe, lo que queda está claro, rutina liberadora. Acelerar el paso por si me sigue, buscar el primer estanco que esté abierto, besar en la boca al estanquero tan real y cotidiano, fumar despacio y tosiendo mucho el bendito primer cigarro de la mañana. Mirar hacia atrás, buscar una cafetería. Desayunar café con porras. Porras de verdad, para variar.

10 enero 2005

SUNDAY MORNING´S "X" FILES

Uno ya lo sabe, esas cosas ocurren porque sí, no es necesaria explicación alguna, para qué calentarse la cabeza buscando causas, el mundo se explica con efectos no con diagramas de flechas, pensó. Sin duda dijo que iba a comprar tabaco y en seguida volvía, eso sí lo escuchó bien. Anoche la oía pero no la escuchaba bien, con el ruido de la discoteca y después la ausencia de diálogo ya en el piso apenas se habían dirigido unas cuantas frases escuetas de esas que se dicen para ir haciendo terreno. Pero “voy a comprar tabaco y enseguida vuelvo” recién levantada la voz de aguardiente, había sonado alto y claro, escueta como la noche anterior pero llena de contenido. Comprar tabaco y volver enseguida, una tarea no difícil pero que sin duda requiere que se den juntas toda una serie de circunstancias para que la tarea pueda cumplirse eficazmente y el sujeto pueda volver sano y salvo al punto de partida. El mundo es peligroso y el tabaco también, son dos condicionantes peligrosos para una tarea sencilla a primera vista. Cualquier leve variación en el esquema, cualquier cambio en el ceteris paribus de las variables mundo-tabaco y la jodimos. No es por ser agorero, siempre me levanto optimista después de follar, pero quién sabe si no la raptaron nada más bajar, esas cosas ocurren a diario, tiene el culito prieto y pinta de pija insoportable, o si la atropelló un coche, o quién sabe si el estanquero es un psicópata que odia a las mujeres fumadoras recién levantadas o quién sí, una vez comprado el tabaco, abierto el paquete, encendido ese cigarro bendito de la abstinencia nocturna, no le dio un acceso bronco-espasmódico de esos que estamos hartos de leer en los periódicos y quedó la pobre tendida en la acera las bragas sucias y ahora va camino de la morgue con un paquete recién abierto que le habrá mangado el auxiliar de enfermería, acostumbrado a estos hurtos veniales. Esas cosas ocurren porque sí, uno lo ve en la tele a diario, una muerte violenta e insulsa, carente de toda literatura, una más para los últimos diez minutos del telediario. O quizás el típico caso de “fue a comprar tabaco y no volvió”, también ausente de poesía alguna aunque de mejor final para el sujeto. Mejor empezar a preparar el desayuno solo, por si acaso.

09 enero 2005

08 enero 2005

LA LLAVE

De tener la llave escondida en mil cajas fuertes, deseando olvidar las claves para nunca poder abrirlas, he pasado a llevarla colgada de mi pecho, a la vista de quien me ama y de los espejos. La soledad, lo reconozco, tiene algunas cosas buenas. Ya entro de vez en cuando en mi cuarto oscuro.

TARDES DE DIFUNTAS

Hay ciertas tardes que aparecéis ante mí como esquelas de la memoria, mis difuntas esposas. Y os recuerdo con amortajado erotismo en el olor a moho y cerrado de vuestros besos. Suelen ser tardes de color mármol mate, plomizas, vacías de contenido. Por eso os añoro a la vez que os temo, porque aparecéis cuando tengo el corazón de resaca.

04 enero 2005

ESTIMADO SR/SRA:

Nos dirigimos a usted a través de esta carta preocupados por el borrador de su última novela “Amoríos de Turquía”. Aunque la ejecución formal de la misma sigue siendo digna de nuestra total confianza y admiración, observamos también una cierta pérdida de pasión en sus novelas, caracterizada por un creciente crisis de confianza en la pareja tradicional y en la pasión duradera dentro del matrimonio clásico. Como ya sabe, porque se los remitimos cada semestre, nuestros estudios de mercado han revelado que sus dos últimas novelas no acabaron de gustar al 25% de sus lectores, lo que se tradujo, en su último trabajo “Amasando el Amor”, en un descenso de las ventas de alrededor del 15%.

De sobra sabemos que usted es ante todo un artista, y que la experiencia vital y la madurez intelectual condicionan la obra de cualquier escritor. Sin embargo, ha de comprender nuestra preocupación como empresa que ha de responder a su accionariado, y reflexionar a nivel personal sobre si su millonario patrimonio y su costoso tren de vida pueden mantenerse mucho tiempo sin escuchar la voz de sus lectores, que son a fin de cuentas quienes pagan su electricidad, sus viajes a Tailandia y la educación de su hija en Eton. Jamás cuestionaremos su libertad literaria, está en nuestros estatutos, pero somos una empresa, y si los beneficios derivados de sus obras se reducen por tercer año consecutivo, mucho nos tememos que tendremos que relegarle a un segundo plano y buscar a un nuevo buque insignia de nuestra oferta literaria. Ello no ocurrirá jamás, porque lo consideramos parte de nuestra familia, si comprende cuanto antes y de una forma constatable que nosotros le necesitamos menos que usted a nosotros.

En otro orden de cosas, adjunto a esta misiva le enviamos un anexo con algunas ideas para mejorar su borrador, fruto de la última reunión de sus jóvenes colaboradores, así como una relación detallada de sus apariciones en prensa, radio y televisión para los próximos tres meses que, como recuerde, se pactaron en el actual contrato.

Esperando ver de nuevo su nombre en lo más alto de nuestros balances de cuentas, reciba un cordial saludo.
La dirección