- ¿Qué tal ayer?
- ¿Ayer? Bien, bien... Sí, vamos, muy bien.
- ¡Qué julay! Ya sabía yo que cuando Jose se fuera te tirabas a Marta... ¿Y?
- Pues nada, muy bien, tío, todo muy bien.
- ¡Qué cabrón! Triunfaste... Aunque te advierto una cosa, segundas partes...
- Ya, lo sé... ¿Sabes? Jose es un tío realmente increíble....
- mmm, ¿Jose o Marta?
- Bueno, los dos muy bien...
Mediodía en la placita del banco. Sentados en el Barbiana, tú pides cerveza, yo Coca-Cola. El camarero las sirve al revés, como siempre. -Machismo- dices. Y me hace gracia. Hacemos tiempo, hacemos El Tiempo.
19 diciembre 2006
17 diciembre 2006
Noticias dmb
Bueno, en primer lugar el blog ha cambiado. Espero que os guste y que me vayáis ayudando a mejorar los pequeños fallos que pueda haber en el código. Este será el nuevo marco para el blog en el 2007, y aunque como siempre irá variando de vez en cuando los dibujos, el aspecto general será el que estáis viendo.
Por otro lado, anunciaros el nacimiento de la Revista Literaria De Otros Nos, auspiciada entre otras personas por mi amiga Laura Verón. En ella encontraréis semanalmente obras de autores muy variados de ambos lados del océano, y supongo que muchas más cosas que irán surgiendo conforme el proyecto vaya tomando fuerza. Un proyecto de colaboración literaria en el que podéis participar y del que seguro disfrutaréis.
Por último, os recomiendo el penúltimo vídeo de El Hombre Delgado, "La novia Voladora", producido por mis amigos Aitor Aguirre y Javier Del Rosal. El Hombre Delgado es un proyecto musical y artístico tan interesante como su protagonista, un hombre que aprendió a vivir del aire para no morirse del asco en esta sociedad. Tampoco olvidéis su web.
Besos y abrazos. Espero colgar algo esta semana. ;)
Por otro lado, anunciaros el nacimiento de la Revista Literaria De Otros Nos, auspiciada entre otras personas por mi amiga Laura Verón. En ella encontraréis semanalmente obras de autores muy variados de ambos lados del océano, y supongo que muchas más cosas que irán surgiendo conforme el proyecto vaya tomando fuerza. Un proyecto de colaboración literaria en el que podéis participar y del que seguro disfrutaréis.
Por último, os recomiendo el penúltimo vídeo de El Hombre Delgado, "La novia Voladora", producido por mis amigos Aitor Aguirre y Javier Del Rosal. El Hombre Delgado es un proyecto musical y artístico tan interesante como su protagonista, un hombre que aprendió a vivir del aire para no morirse del asco en esta sociedad. Tampoco olvidéis su web.
Besos y abrazos. Espero colgar algo esta semana. ;)
01 diciembre 2006
DOS AÑOS YA
A veces uno considera importante lo vano, y fútil lo importante. Qué es si no este espacio en medio de los millones de textos que circulan, punto a punto, por toda la red. Nada. Un callejón oscuro y sin salida dentro de la gran ciudad. Un tiempo preciso en el devenir de los siglos. Nada, lo dicho. Seria vano considerar importantes mis palabras si las coloco justo al lado de otras palabras del presente o del pasado. Se ha dicho tanto, y de tantas maneras diferentes, que si todo no está dicho, sí se puede afirmar que es difícil hacerlo de forma más concisa, o de forma más completa. Lo contrario, pregonar la belleza de una voz irrepetible, la mía, como es irrepetible la voz de cualquier otra persona, sería fustigar el ego con el látigo de la individualidad. Unos azotes peligrosos, placenteros al principio, pero tendentes a crear escaras en lo más profundo de la confianza en uno mismo.
Una vez hablando de esto con una amiga, expliqué que para mí escribir no es un habilidad, sino más bien un defecto poco práctico de mi personalidad. La necesidad de expresar y de exhibirme al hacerlo, se convierte no pocas veces en una fuente de sinsabores. Unas, por no ser capaz de plasmar de forma escrita lo que mi mente ve, huele, oye o toca. Otras, por no entender, como en la mecánica, qué piezas de un texto hacen funcionar la emoción del que los lee y cuáles entorpecen su empatía. Las más, y de eso me siento un triste esclavo, por pretender con todo lo que escribo ser querido y respetado. Por intentar resumirlo del modo lo más gráfico posible, aquella vez le expliqué para mí escribir es como tener hambre y a la vez náuseas.
Sinceramente, me siento perdido con todo este asunto. Al principio pensaba que escribir sólo tenía sentido si uno alcanzaba la publicación, el premio, la foto con cara de interesante. Después consideré que sólo tenía sentido si escribiendo uno era capaz de perfeccionar su lenguaje, de adquirir esos elementos mágicos que hacen de un conjunto de palabras un ser vivo, independiente a su creador. Ahora, unos cuantos años después, creo que escribir no tiene sentido salvo la profundización en el conocimiento de uno mismo a través de los demás. Y me da miedo. Porque una persona puede alcanzar la fama y retirarse, puede convertirse en un ingeniero de formas y dejarlo un buen día. Pero desnudarse, mirarse al espejo y contarle a los demás honestamente quién eres, por muchas metáforas que quieras aplicar para disfrazarlo, es un proceso que no tiene marcha atrás.
A veces uno considera importante lo vano, dejando atrás la verdadera esencia de las cosas. Porque este espacio no es nada, y sin embargo me ha permitido conocer a algunas personas que son ahora parte esencial de mis días. También porque no hay demasiadas visitas, ni comentarios, ni referencias, y sin embargo me ha permitido, con altibajos, ir mejorando la manera de equilibrar lo que mi mente augura y mi lenguaje fabrica. Pero sobre todo porque “dmb”, que un día, quizás pronto, desaparecerá como empezó, por casualidad, ha descubierto ante mi la imagen desnuda de mi interior. El terreno pantanoso, el cuarto oscuro, el laberinto del insomnio en el que, siga o no escribiendo, debo seguir explorando.
Por eso, y por todo lo demás, gracias por seguir ahí, cogiéndome de la mano.
Una vez hablando de esto con una amiga, expliqué que para mí escribir no es un habilidad, sino más bien un defecto poco práctico de mi personalidad. La necesidad de expresar y de exhibirme al hacerlo, se convierte no pocas veces en una fuente de sinsabores. Unas, por no ser capaz de plasmar de forma escrita lo que mi mente ve, huele, oye o toca. Otras, por no entender, como en la mecánica, qué piezas de un texto hacen funcionar la emoción del que los lee y cuáles entorpecen su empatía. Las más, y de eso me siento un triste esclavo, por pretender con todo lo que escribo ser querido y respetado. Por intentar resumirlo del modo lo más gráfico posible, aquella vez le expliqué para mí escribir es como tener hambre y a la vez náuseas.
Sinceramente, me siento perdido con todo este asunto. Al principio pensaba que escribir sólo tenía sentido si uno alcanzaba la publicación, el premio, la foto con cara de interesante. Después consideré que sólo tenía sentido si escribiendo uno era capaz de perfeccionar su lenguaje, de adquirir esos elementos mágicos que hacen de un conjunto de palabras un ser vivo, independiente a su creador. Ahora, unos cuantos años después, creo que escribir no tiene sentido salvo la profundización en el conocimiento de uno mismo a través de los demás. Y me da miedo. Porque una persona puede alcanzar la fama y retirarse, puede convertirse en un ingeniero de formas y dejarlo un buen día. Pero desnudarse, mirarse al espejo y contarle a los demás honestamente quién eres, por muchas metáforas que quieras aplicar para disfrazarlo, es un proceso que no tiene marcha atrás.
A veces uno considera importante lo vano, dejando atrás la verdadera esencia de las cosas. Porque este espacio no es nada, y sin embargo me ha permitido conocer a algunas personas que son ahora parte esencial de mis días. También porque no hay demasiadas visitas, ni comentarios, ni referencias, y sin embargo me ha permitido, con altibajos, ir mejorando la manera de equilibrar lo que mi mente augura y mi lenguaje fabrica. Pero sobre todo porque “dmb”, que un día, quizás pronto, desaparecerá como empezó, por casualidad, ha descubierto ante mi la imagen desnuda de mi interior. El terreno pantanoso, el cuarto oscuro, el laberinto del insomnio en el que, siga o no escribiendo, debo seguir explorando.
Por eso, y por todo lo demás, gracias por seguir ahí, cogiéndome de la mano.
22 noviembre 2006
EL BUENO DE PABLO
Sálvame de las aguas mansas, que de las bravas ya me salvo yo
No podría decirte nada bueno de él, si acaso que hay algo divertido que impregna todos sus movimientos, una serie de acciones estereotípicas que le confieren el aire de chico vulnerable y bien parecido: La manera de fumar como si temiese quemarse los dedos, la forma de acariciar la copa voluptuosamente mientras el hielo se derrite, o ese gesto de niño acomplejado que bizquea un poco cuando se limpia las gafas cabizbajo. Salvo eso, y te lo cuento a ti porque aún no me has tachado de paranoico, no podría decirte nada bueno de Pablo, del bueno de Pablo, como todos lo llaman.
Todos piensan que le tengo manía, que mis esfuerzos por mantener con el una cordial ausencia de relaciones pueden calificarse como grosera o envidiosa, pero nunca razonada. Y probablemente no haya razón alguna para mis reservas, pero sí una intuición, un pellizco en mi interior que me dice que hay algo en él inquietante y malvado. Un hedor a ira que rezuma bajo su carácter de chico sano y carente de prejuicios. He analizado cada uno de los aspectos de su vida y ni en su trabajo, ni en su círculo de amigos, ni en su familia, ni tan siquiera con sus ex-parejas, Pablo ha tenido el más leve altibajo. Ni una amonestación, ni un divorcio, ni una pelea, ni una borrachera, ni unos celos, ni una infidelidad, nada empaña lo más mínimo su biografía. Es un encefalograma plano, un estanque lleno de nenúfares asfixiantes. Cómo decirte. Sería demasiado fácil afirmar que hay algo en su mirada que me repugna. Si así fuera muchas personas habrían captado lo que yo, y su disfraz no sería nada efectivo. Pero es mucho más sutil y, por eso, cuando lo descubres, más rotundo. La bondad de Pablo consiste en la completa asepsia de su personalidad: Su tono de voz pausado, su retirada en cualquier discusión en la que su opinión sea levemente cuestionada, su control absoluto de aquellas emociones que puedan manchar su aura. Todo él es tan poderosamente revelador y a la vez tan inerte que nadie, excepto yo, es capaz de mantener sus sospechas por mucho tiempo. Ni tan siquiera tú lo harás cuando lo conozcas, estoy completamente seguro.
Por eso te lo cuento, por si un día tienes que decirle a los demás que yo tenía miedo y que lo dije porque no hubieran querido escucharme. Sí, tengo miedo. Presiento que Pablo me observa continuamente, como si pudiera leer mis pensamientos o como si se deleitara imaginándome sufriendo de mil maneras diferentes. Lo hace en silencio, incluso mientras habla o se limpia las gafas con ese aire de vulnerabilidad tan divertido no deja de estar pendiente de cada uno de mis gestos. Sabe que yo sé su terrible secreto, y lo peor, que ninguna de las armas que ha utilizado toda su vida han surtido efecto conmigo. Primero intentó seducirme como a los demás, con sus charlas de música, sus libros, sus anécdotas históricas, su gusto por el cine de autor. Viendo que no resultaba intentó que mis amigos me considerasen un tipo hosco, resentido y amargado para que me convenciesen de mis delirios y me hicieran reconsiderar mi postura respecto a él. Pero ahora Pablo sabe que nada ha resultado, y que aunque estoy solo sigo convencido de lo que siento. No sé como será ni cuando, pero estoy seguro que tiene claro que sólo le queda una opción. Soy su enemigo, y el bueno de Pablo sólo acepta a amigos en su universo.
¿Ves? Ahora tú también piensas que soy un paranoico. Ahora tú también eres su aliado.
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