28 abril 2005

playa de matalascañas, madrugada. Al fondo, amigos en la oscuridad. Posted by Hello

27 abril 2005

LA PROFECÍA

El Doctor culminó con voz atronadora:

…Y el anticristo nacerá con los números de la bestia tatuados en su cabeza.

Un alumno alzó la mano y preguntó, dando por hecho:

¿Tres seis, señor?

Y el Doctor lo miró como si no hubiera entendido nada:

No, pobre infeliz… Un código de barras.

18 abril 2005

...Y ESTO NO ES UNA CARTA EN CADENA.

Seleccione, de los números de su agenda, aquellos a los que no llama o de los que no recibe llamada alguna desde hace más de dos meses: Deséchelos.
De los que queden, que no son muchos, seleccione aquellos que pertenecen a sus amigos; es decir, descarte los números del trabajo, de su familia o de su pareja, esos no cuentan.
A continuación, sin pensarlo, elija aquellos a los que les confiaría algún secreto íntimo sin temor a que les rechazase, sin temor a una monserga. Aquellos a los que sin duda, sin duda alguna, puede llamar a cualquier hora, en cualquier circunstancia, y tiene la completa seguridad de que descolgaran el teléfono ansiosos de oír su voz, ansiosos de saber qué le pasa, ansiosos de sentirse parte de su vida….
Bien. Ahora, si tiene la suerte de contar con alguno, llámelo. Inmediatamente. Y dígale que le quiere, sin tapujos.

Vamos… ¿a qué está esperando? Si duda en hacerlo, comience por el principio. Quizás haya sido demasiado benévolo.

17 abril 2005

EL REFUGIO

Queda en el centro, entre la Alameda y El Pumarejo, un lugar donde los ángeles se reúnen cada día muy tarde ya en la noche, cuando acaban su trabajo en conventos y palacios, en esas horas en las que, entre campanas y humedad, el crápula y el obrero se cruzan por las calles, se miran y se sonríen.

Alardean los viejos, sentados a las puertas de sus casas apuntaladas mientras esperan el desahucio, que no hace muchos años era fácil verlos de madrugada en la alameda, sentados en los bancos, leyendo poesía mientras los galanteaban las putas, ajenas a la pureza de su origen divino. Y que otras veces, incluso, podía uno escucharlos cantar sus salves en algún callejón oscuro, con las farolas dormidas y algún vagabundo acurrucado a sus pies, durmiendo plácidamente a salvo de las pesadillas. En definitiva, aseveran los viejos, antes los ángeles deambulaban por las calles confundidos entre yonkis y novicias, entre nobles arruinados y burgueses de postín.

Pero llegaron las hordas de las bestias constructoras, de sus grúas alienantes, de sus roncas hormigoneras. Llegaron las tropas de los falsos restauradores, de los agentes de la propiedad, de los carteles de se-vende. Y los ángeles se fueron retirando de las calles y tabernas a sitios más privados, oscuros y malolientes, entregados a la decadencia de sus capillas y museos.

Ahora se reúnen en secreto a salvo del andamio y la especulación. Y sin pena ni esperanza beben ron, fuman ducados y, entre versos y lamentos, se dan al amor con cualquier americana ingenua perdida entre mapas y tópicos, ajena como tantos otros a la verdadera, a la moribunda grandeza del centro de Sevilla.

14 abril 2005

12 abril 2005

C2

Y al mirarte me doy cuenta de que ya no eres una imagen sin fondo, de que con los días te has convertido, sin saberlo, en parte de mi ajuar necesario de referencias fijas, puede que incluso en una proyección de mi yo en tu tú desaliñado e indiferente. Y me siento afortunado en ese sinsentido aunque para ti yo siga siendo, quizás, otra imagen sin fondo, una más de las muchas que comparten cada día tu autobús.

10 abril 2005

EL CONGRESO DE LOS RECUERDOS.

Ayer por la noche de forma inesperada, siguiendo con la tradición de la espontánea convocatoria, se celebró en la calle Méndez Juárez nº 4, a las cuatro de la mañana, el congreso de los recuerdos. Apenas bebida la última copa de ron, con las calles desiertas y una humedad que barría la ciudad como una lengua de plata, la melancolía, como secretaria general vitalicia, realizó el llamamiento masivo de recuerdos al dormitorio de María.

Asistieron entre otros muchos, y por nombrar a los más ilustres, el olor de las sábanas maternas, que traía empanada para todos y regañaba a quien no se lavaba las manos antes de picar. La primera comunión, marcada por el numerito de la fatiga en la Iglesia y el padre Mateo escandalizado. El primer beso, con su eterna camiseta de metallica y ortodoncias hasta en el alma y la primera menstruación, que ni iba de rojo ni era tan pedante como la pintaban.

También asistió el recuerdo del primer camping, con Luis, su dermatitis y la solución del kalimotxo. El recuerdo de las olas de Zahara golpeando sus pechos desnudos por primera vez, el de la abuela Eloisa, sus tangos de Gardel y el ganchillo hasta en el lavabo. El de la operación de apendicitis, acompañada del complejo de cicatriz-demasiado-larga. Como novedad significativa, acudió el recuerdo de su sobrino recién nacido, de cuatro kilos de sobrino con ojos grises y peca a lo Monroe, que fue presentado al resto de los presentes por el recuerdo de los abrazos en la despedida del año erasmus, abrazos con lágrimas a la espalda y acento francés. Mientras, el recuerdo de los juegos infantiles ponía en jaque a toda la organización, escondiéndose entre los libros naranjas del barco de vapor.

Más de mil recuerdos se apiñaban en la almohada cuando alguien echó en falta al más cercano al dormitorio de María, aquel que tenía su sede en la cama desde hacía demasiado tiempo: El recuerdo de la siempre seria soledad, la eterna compaña de las noches frías y el corazón caliente. En su nombre, advirtieron los presentes, vino volando en los hombros de Javier el recuerdo-becaria de turno, la eterna eventual de aquellas reuniones sentada entre los dos cuerpos dormidos y abrazados: El recuerdo de la simple y llana felicidad.

04 abril 2005

Campos de oro, certezas en los árboles, amor radiante calentando tu cara y a lo lejos, en el horizonte, los ojos de nuestro recuerdo, ventanas al mundo a las que tú puedas asomarte cada día, allá donde te encuentres.

Para S, i.m.