17 abril 2007

COMPAÑEROS

Me hubiera gustado conocer a Cortázar, a Gil de Biedma, sin duda alguna también a Baroja o incluso a Borges pese a su famoso mal carácter. Sus textos me acompañan muchas veces y, en cierto sentido, configuran parte de mi carácter estético, de mi forma de entender la belleza y el horror de la vida. Soy de esos que aún no han comprendido que por ser buenos escritores no tenían porqué ser ni amables, ni interesantes, ni tan siquiera buenas personas. De hecho, alguna que otra biografía seria deja constancia de sus ajetreadas vidas y, sin embargo, no han conseguido convencerme del todo de que no hubieran sido magníficos compañeros de piso, de farra o de tertulia.

Me pregunto si existe alguien que sólo me conozca por lo que escribo en estas páginas y me intriga, si así fuera, si ha tenido la tentación de imaginarme como persona. Yo lo hago constantemente con lo que leo por ahí, me es inevitable, y aunque debo confesar que no deja de ser una inquietud un tanto ególatra, me resultaría curioso entrar en el surrealista mundo de las terceras impresiones, esas que van más allá del contacto visual o sonoro, esas que se atreven a proyectar imágenes de los demás en mundos paralelos. ¿No os ha pasado nunca? Vas en el tren, ves a una persona, la oyes hablar con el revisor y de pronto te parece conocer ya toda su vida. La colocas, por arte de la magia, positiva o negativamente, en un universo paralelo prejuzgado en el que no obstante, todo tiene sentido. A todos nos han dicho alguna vez –antes de conocerte pensaba que eras de tal o cual manera- y a todos nos ha ocurrido lo contrario. ¿Pero qué dicen de nosotros las palabras que escribimos?

Cuando leo mis textos no pocas veces he pensado que no he sabido expresar exactamente lo que quería decir y, sin embargo, luego ha llegado algún amigo y me ha comentado qué he dado en el clavo con una idea que ni se me había pasado por la cabeza. También me ha ocurrido que he necesitado sacar fuera algo completamente íntimo, lo he disfrazado de mil maneras para no sentirme desnudo, y luego ha llegado ese otro amigo entendiendo a la perfección qué he querido decir. La cuestión es que bastantes veces lo que uno escribe y lo que los demás entienden, así como lo que uno entiende y termina escribiendo, no es más que un azaroso cruce entre nuestros prejuicios y los de los demás, entre lo que uno quiere ser y lo que lo que lo demás quieren que uno sea. Un intento de mostrar un yo que nunca acaba de descubrirse y, en resumen, un fenómeno que pese a que pueda resultar frustrante, es absolutamente maravilloso.

El post anterior iba de una pareja que no se entendía por mucho que hablasen. Y al respecto hay un refrán que dice que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. Pero contrariamente a lo que expresé en el post anterior, yo creo que es al revés. Nuestras palabras, acertadas o no, se hacen libres en la mente de los demás, y sólo el silencio, como el que calló las voces de aquellos irrepetibles autores de los que hablaba al comienzo, nos esclaviza y anula. Porque mientras haya una voz que hable, que se siente ante una mesa y lance su mensaje al mar de las interpretaciones, siempre queda la posibilidad de que alguien la oiga, la escuche, la transforme a su gusto...

...y nos quiera como compañeros.

6 comentarios:

Lo Peor del Mercado dijo...

Creo que es muy frecuente fantasear con la persona de un escritor que nos cautiva. Pensamos en lo fascinante que sería conocer a alguien que construye esos universos con las palabras. Pero creo que olvidamos el dato fundamental de que ese escritor no está describiendo en un acto de voluntad su ser. Podemos pensar que es escrito por otros: por el niño que fue, por la niña del vecindario, por lo que leyó, por lo que perdió... y un millón de lugares mas. Cuando lo conocemos, viene al café despojado de esos lugares que lo asaltan en determinados momentos. Viene del mismo modo que vamos nosotros: peguntándose quién es él, entre todos esos...
Si estamos dispuestos a compartir esa precariedad de identidad, pues si, sería muy bueno que sea nuestro compañero.
Abrazo

ana dijo...

Y yo te conozco a ti... ;)

Helena dijo...

Un post realmente interesante y con el que me siento identificada.

Te confieso que tengo una "secreta frustración" de no poder tener como compañeros de tertulia a escritores que han llenado horas de mi vida con sus letras. Con algunos es ya imposible porque han muerto, pero otros son coétaneos nuestros y es algo que me encantaría. Incluso he imaginado conversaciones ficticias con muchos de ellos. Es por este motivo, que me ha llamado especialmente la atención este post tuyo.

Yo a ti sólo te conozco por tus letras. Has hecho un llamamiento, acerca de cómo te puede ver alguien, que, como yo, no conozca nada más de ti que tus escritos. Pues aún a riesgo de equivocarme (lo cual es altamente probable), voy a ser la primera "valiente" en entrar "[...en el surrealista mundo de las terceras impresiones...]"

Me pareces un hombre tímido, con bastantes contradicciones internas, observador, inteligente, con una cultura media, sensible, afectivo, inseguro en algunos momentos, sereno pero con un carácter más bien fuerte, reservado y extrovertido a la vez, escéptico ante muchas cosas.... Y ahí lo dejo, porque si sigo seguiré equivocándome, jeje.

Me ha parecido un ejercicio interesante, podrías extenderlo para que lo hagan otros bloggers. Tal vez, hasta yo misma lo proponga algún día en mi blog.

Un abrazo, compañero.

el que deambula dijo...

Gracias a todos:

Miriam, tienes toda la razón. ¿Pero no es difícil aceptar la precariedad de un escritor si nos ha ofrecido a través de us textos respuestas? Probablemente sea muy difícil, y por eso probablemente a los grandes escritores les ruborizase tanto sus seguidos. Y es que una vez más, la grandeza de escribir es ser capaz de ofrecer respuestas a preguntas que ni siquiera nosotros nos hemos planteado. Me ha encantado tu reflexión. Besos.

Ana: Es curioso cómo nos conocimos a través de la literatura y esta página. Sólo espero que ahora que me conoces bastante más espero que haya merecido la pena. Gracias.

Y en cuanto a ti, Helena, creo que te has hecho una idea bastante aproximada de algunos rasgos de mi personalidad, y me ha encantado por lo curioso de tus aciertos. Sólo hay un pero. No soy nada tímido. De hecho, creo que soy demasiado extrovertido jajaja. Aunque como todo juego de máscaras, ¿Cuál es la careta y cuál la cara?. Gracias de veras. Besos.

aigean dijo...

Me ha gustado mucho tu reflexión. Cuando uno escribe intentando poner en orden las ideas, o al menos parecerlo, salen escritos “intelectualmente emotivos”.

Nos conocemos desde hace tiempo. Y creo que no nos conocemos sólo porque sabemos nuestros nombres, donde vivimos y qué hemos estudiado. Las palabras son también cauces donde se encuentran ríos que, aunque desde distinto camino, se encuentran, se cuentan y se refuerzan.
Supongo, y eso se hace notar mucho en Internet, la persona que escribe puede variar de la persona que actúa y se muestra. Intento que esa diferencia sea mínima, y ser la misma persona en todos los aspectos posibles, sólo condicionada por el contexto y la situación. Quizás porque esa sea una forma de encontrar cierta serenidad, cierta estabilidad aunque sólo sea “intelectual”. Pero supongo que cuando echamos de menos ciertas cosas en lo que vivimos, lo recreamos en lo que escribimos y lo buscamos en lo que leemos, codificando los significados según la interpretación que queramos darla. Ahí se escapa la responsabilidad del escritor y comienzan las conjeturas del lector. O eso es quizás lo que nos quieren hacer creer…

Retomando lo anterior, me preguntaba si como creo conocerte es lo correcto o lo mas próximo a lo que en el fondo eres. Y viceversa… Debe ser algo humano ubicar en nuestro planetario a las personas que vamos conociendo según cuatro o cinco ideas que nos forjamos. No siempre nos preocupamos de ir verificando esas ideas, ni siquiera con el tiempo.


Me gustaría volver, por el significado en sí del verbo, pero me preocupa no saber ya a donde.

Un abrazo fuerte

Calle Quimera dijo...

Realmente espectacular tu argumentación en el tercer párrafo del escrito.Comparto muchas de tus opiniones,pero a mi jamás me cautivarà un escritor.Una persona tal vez.Saludos.