31 diciembre 2005

Feliz año nuevo


Dicen que las palabras se las lleva el viento... Nunca pude imaginar que mis palabras pudieran llegar a la Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Portugal... Gracias a los que desde tan lejos han recogido las botellas que he ido tirando al mar y también a los que me ayudaron a soltarlas, los que están cada día en mi vida, compañeros de viaje, agua en el camino.
...Puede que las palabras se las lleve el viento, pero nunca pensé que yo pudiera volar con ellas.


Feliz año nuevo, a volar.
...
¿Os venís conmigo?

23 diciembre 2005

NONADAS #9

(madrugada, encuentro sorprendente en una sala de estar)


-¿Papá Noel?

-Jojojó, esto... Buenas noches, ¿Qué tal está?

-Muy bien, gracias, aunque me temo que se ha equivocado, yo soy de los reyes magos...

-Ya... Pero les han dado la jubilación anticipada, por eso me han enviado a mí, ¿sabe?

-¿Jubilación anticipada?

-...Sí, han reducido plantilla y bueno, ahora yo soy el que se encarga de todo.

-De todas maneras, estamos en el mes de marzo... ¿Qué le trae aquí en primavera?

(Noel saca una guadaña del saco)

-Verá, es que también han prejubilado a la muerte...

-No es posible... ¿Entonces usted viene a...?

-Esto es muy embarazoso...

-Dios mío, es terrible... No sé, nunca pensé que la muerte pudiera llegar así...

-Ni yo tampoco, la verdad... Es tarde, si me permite...



FELIZ NAVIDAD A TODOS.

21 diciembre 2005

ANDRÉS GUTIÉRREZ, MI ÁNGEL DE LA GUARDA.

Cuando Andrés Gutiérrez me reveló que era mi ángel de la guarda, tuve claro hasta qué punto deseaba evitar que yo acabase en la cama con Laura. De no ser así jamás me lo hubiera dicho, porque en casi cinco años de amistad mantuvo el secreto hasta en los momentos más delicados, como cuando descubrí que no tenía familia o que no dormía nunca. Incluso cuando lo acorralaba con mis sospechas, cada vez más fundadas, lograba salvar la situación sin tener que confesarme su naturaleza divina.

Cualquier que oyera a su mejor amigo decir –Tengo que contarte algo... soy tu ángel de la guarda- no lo hubiera tomado en serio. Estábamos en una fiesta, habíamos bebido mucho ron y aunque la frase era original, no hubiera pasado por ser una más de las tonterías que pueden llegar a decirse borracho. Sin embargo mis sospechas anteriores, unidas al hecho de que Laura se me había insinuado claramente en la cocina, me hicieron comprender que Andrés veía en aquella confesión su última oportunidad para evitar que yo cayese en el pecado. No es que no hubiera estado antes con chicas, pero Laura tenía algo que incomodaba especialmente a mi amigo, quien, de cualquier forma, nunca había visto con buenos ojos mis escarceos sentimentales.

Para mi ángel, ahora puedo decirlo así, sólo existía un amor verdadero que llegaría cuando yo tuviese veintisiete años, ni uno más ni uno menos. Así estaba escrito, proclamaba, y así debía ser. Por tanto, según él, cualquier chica que se cruzase en mi camino antes sólo era, en el mejor de los casos, una inútil pérdida de tiempo. Y Hasta entonces debió ver así mis relaciones, porque aunque se oponía formalmente a ellas, no parecían preocuparle en exceso, conocedor de que más temprano que tarde llegarían a su fin.

Sin embargo con Laura había sido diferente. Ya desde el primer momento percibí que sus intentos de romper cualquier posible relación con ella iban a ser más agresivos, quizás porque nunca antes me había oído hablar así de una mujer. Inteligente, guapa, escultural, irónica, liberal, Andrés debió entender que Laura iba a ser un verdadero obstáculo para el amor verdadero. Empezó a mostrar sus ya tradicionales reticencias antes de conocerla, pero cuando los presenté, tuve claro que jamás congeniarían, porque aunque estaba seguro de que ella no iba a ser de su agrado, me sorprendió descubrir que para Laura, mi amigo era un misógino pedante que la miraba por encima del hombro.

Por eso en la fiesta, tres días después de que se conocieran y tras haber escuchado de los dos todo tipo de descalificaciones hacia el otro, ni siquiera se saludaron. Eso sí, como si estuvieran librando una batalla silenciosa, ambos intentaron acaparar mi atención para separarme del otro. Andrés no me dejaba solo un momento, procuraba que no bebiera demasiado rápido y desviaba mi atención de Laura cada vez que me descubría mirándola. Ella, por su parte, captaba mi atención con miradas lascivas y dejaba notar con sus gestos, con su contoneo al pasar delante de nosotros, que estaba dispuesta a dar todo por llevarme a su cama. Aprovechando un despiste de Andrés, que había salido al balcón a fumarse un cigarrillo, confirmó sus insinuaciones. Mientras echábamos hielo a nuestras copas, me invitó a acabar la fiesta en su piso y yo, que para entonces tenía claro que Laura era la mujer que más había deseado en mi vida, sólo pude asentir con nerviosismo, nublado por su belleza.

-Tengo que contarte algo... soy tu ángel de la guarda- fue la última frase que Andrés me concedió. Sobraba cualquier otro argumento para evitar que me marchase con ella. Si nunca lo había dicho hasta entonces era porque ninguna otra mujer como Laura era tan peligrosa para sus fines, y porque sabía que era la única persona por la que yo estaría dispuesto a renunciar a él. Sin embargo, la noticia de su verdadera naturaleza, lejos de alegrarme, me decepcionó profundamente. Lo que yo creía una sincera amistad había sido en realidad una farsa, una tiránica decisión divina. Todos los momentos que habíamos vivido juntos se me antojaron entonces artificiales, preparados con la experiencia que dan siglos de trabajo. Borracho como estaba, sentí que me había traicionado y que Laura era tan sólo una pobre chica a la que él había discriminado por ser diferente a las demás. Mareado y excitado, lo único que pude decirle era que se marchara de mi vida para siempre.

Ahora que Laura duerme desnuda a mi lado, feliz de su conquista mientras murmura extrañas palabras, sonidos ininteligibles para cualquier ser humano, entiendo por qué Dios me envió a Andrés todos estos años. Trataba de evitar, con su mejor agente, que me precipitara al abismo, pero ha fallado. Mientras observo en el techo una lámina del San Jorge de Rafael, pienso que echaré de menos a Andrés Gutiérrez, mi pobre ángel de la guarda. Teniendo en cuenta que acabo de hacerle el amor al mismísimo demonio, mucho me temo que no volveré a verlo nunca.


Para mis ángeles de la guarda, los amigos que velan por mis textos.

12 diciembre 2005

PERFECTO

Para la prensa fue otro suceso más relacionado con el butano. Tres muertos por una explosión en una vieja casa del centro, de madrugada: Dos varones de mediana edad aún sin identificar y la inquilina, una anciana de ochenta años viuda y sin hijos.

Para Notorio y El Chufla era otro trabajillo más. Sencillo, bien pagado y con escaso riesgo de acabar en la cárcel. Deshacerse de un inquilino de renta antigua sólo puede hacerse de tres maneras: Esperando a que se muera, indemnizándolo para que se marche o simplemente asustándolo. Cada vez eran más los propietarios que, por razones prácticas, se decantaban por lo último. Una anciana sola e impresionable, un par de sustos de madrugada y cincuenta mil pesetas. Un encargo tan inmoral como la miseria que los llevó a aceptarlo.

Para Pilar, un final no deseado pero al menos elegido. Podía ser vieja, pero no estaba senil, y sabía que después de su última conversación con el propietario Don Agustín no se iba a resignar a esperar su muerte. La última propuesta había sido un millón de pesetas, a ver adónde iba ella con ese dinero y además, porqué tenía que irse de allí, de su almacén de recuerdos. De aquí no me voy hasta que me muera, Don Agustín, le había dicho, y aunque no le gustaba la idea de hacerlo antes de tiempo, prefería morir con dignidad a consumirse en un asilo. Por eso colocó como pudo la bombona junto a su butaca y dejó encima de la mesa un mechero. A fin de cuentas, pensó fríamente, lo más probable es que estuviera en el salón cuando vinieran a echarla. Como un soldado rodeado por el enemigo, atrincherada con sus recuerdos, su único consuelo fue pensar que quizás también acudiría el dueño.

Pero él dormía plácidamente cuando lo llamaron los bomberos y no se sorprendió cuando le contaron lo ocurrido, conocía bien el genio de la vieja. Mientras se vestía, ensayando un gesto de gravedad ante el espejo, pensó que se había ahorrado hasta las cincuenta mil pesetas. Para Don Agustín, sin duda alguna, el plan había sido perfecto.

06 diciembre 2005

NONADAS #8

No hay crema que las alivie
aunque el tiempo las encoge.
Yo también tuve una vez,

en el corazón, amorroides.

04 diciembre 2005

EN EL BOTE DE CRISTAL

Cuco debe pensar que anoche estaba celoso porque él tenía plan en casa de Chano y yo no, pero lo cierto es que no me encontraba bien. Apenas llegué a la fiesta no sé, sentí que no estaba en el lugar adecuado, como si estuviera metido en un bote de cristal, igual que debe sentirse un niño burbuja rodeado de gente con chinchetas. Por eso empecé a beber como un cosaco, cuando tengo esa sensación a veces se me pasa después del tercer o cuarto cubata. Pero ayer el tratamiento de roncitos forte no surtió el efecto deseado, entre otras cosas gracias a Javier, el amigo de Chano de la biblioteca, que sin ser consciente de ello, fue el que terminó de cerrar el bote de cristal y extraer el poco aire que quedaba dentro.

La culpa en realidad no fue suya, él no sabía que me había presentado al Concurso Internacional de Relatos del Ayuntamiento. Fui yo el que tuvo la genial idea de, en vez de beber en silencio para calmar la ansiedad, preguntarle si sabía algo de las deliberaciones del jurado del que él formaba parte, no sé a razón de qué méritos personales. El caso es que él tampoco se limitó, como hubiera agradecido, a darme una información escueta sobre qué relatos estaban en la pugna final por las pelas del premio, sino que se dedicó a despedazar uno a uno todos los relatos que había leído, guardando el mío para el final como colofón y ejemplo de mediocridad.

Vale que por mi parte era un poco presuntuoso presentarme a ese certamen, pero yo tampoco sabía que sólo se habían recibido medio centenar de relatos de autores (se suponía) bastante conocidos. Si lo llego a saber, ni de coña me presento, sobre todo después de que el mierda me contara que no sólo no pasó la primera criba, sino que lo guardaron los del jurado para, en su primera reunión conjunta, criticar con ese espíritu de estoy-por-encima-del-bien-y-el-mal tan propio de este tipo de gente la falta de pudor de algunas personas que se presentan a los concursos literarios sin tener ni puta idea de escribir.

Javier me contaba todo esto como una gracia, sacando a relucir las incoherencias e imperfecciones formales de mi historia y confiándomelas como dando por supuesto que yo era mucho mejor escritor que el pobre desgraciado de “Tiempo de nueces”. Pero ahí no acabó la humillación. Mientras el aire salía inexorable del bote de cristal en el que me sentía aprisionado, Javier me confesó que tenía la firme idea de averiguar quién era el desgraciado que se ocultaba bajo el pseudónimo de “Hugo Isbert”. Demasiado para mí, los muertos del sistema de plicas.

Por eso me fui sin despedirme de nadie, excepto de Chano y Cuco, el primero demasiado borracho y el segundo demasiado cachondo. Me hubiera ido directamente a casa, pero sabía que si lo hacía no iba a dormir en toda la noche dándole vueltas al relato, golpeándome como una mosca contra el cristal de mis inseguridades. Necesitaba un contrapunto. Por eso me fui al Charming con la esperanza de encontrar a Sara, tiritando y con la mirada fija como si me acabara de bajar de una patera en Bolonia. Pero no estaba allí. Seguramente me había estado esperando hasta que decidió pasar la noche con otro pobre infeliz. Me bebí otro cubata más, intentando analizar hasta qué punto escribir relatos no era más que otra de las corazas con las que aparentaba ante el mundo ser alguien equilibrado e interesante. Creo que hasta me saltaron las lágrimas, pero puede que sólo fuera por el efecto de We are the pigs de Suede. Después de todo, cualquier cosa que pienso mientras estoy en el bote de cristal parece aumentado por una lupa colosal.

Al llegar a casa, encontré como siempre a mi padre viendo los dibujos animados, algo que me suele entristecer muchísimo pero que ayer sin embargo me pareció el único salvavidas al que poder aferrarme. Verlo tan ensimismado y feliz delante del televisor me tranquilizó, me hizo sentirme protegido. Me eché un vaso de leche, me puse el pijama y me quedé con él viendo El Capitán Harlock hasta que mi madre me despertó haciendo ruido en la cocina, preparando el desayuno.

03 diciembre 2005

01 diciembre 2005

SIN RETORNO

La furgoneta descansa a unos metros de la autovía. Huele a bostezo y duermevela, y el motor supira vencido por las horas como un mastín viejo. Llevamos cientos de kilómetros en dirección al norte, aunque aún no hemos decidido qué haremos cuando el sol nos sorprenda en el horizonte, cuando la larga autovía empiece a ofrecernos alternativas de destino. Sólo sabemos que no volveremos en mucho tiempo, que ni siquiera lo haremos juntos. Cada uno elegirá un lugar para quedarse y el último se hará cargo de la furgoneta, como compensación por las molestias de saberse solo en los últimos kilómetros.


Aún seguimos los que empezamos el viaje, pero en cada parada, como el alcohol en las noches de fiesta, nos vamos emborrachando de nuestros propios fantasmas en silencio. Sin lugar a la despedida, porque todo está ya dicho, tengo la sensación de llevar varias horas viajando solo junto a difuntos desconocidos. Es noche cerrada, un reptil que se desliza torpemente vigilándonos, envolviéndonos como si quisiera asfixiarnos o darnos abrigo. Curioso, también la oscuridad, como nuestras almas, parece debatirse entre el miedo y el misticismo.


Para escuchar: "Paris, Texas", de Ry Cooder.