24 julio 2005

MIENTRAS DORMIMOS

A Juan lo nombran presidente de Jamaica
y celebra su investidura con un gran porro.
A Nati se la tira su mejor amiga
mientras su novio mira y sonríe plácido.
A Emilio, el novio de Nati,
lo viola la reprimida de María
mientras ella sueña, pobre pardilla,
que Juan la besa en los labios.
A Jorge, vaya lástima,
lo persigue el fantasma de su padre.
Y a mí, como si tal cosa,
me da un infarto mientras escribo.
Mientras escribo la última línea
de mi primer y mejor libro.

20 julio 2005

JÚBILO

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Qué ganas tengo de jubilarme.... (anónimo)
Eso pensó Francis Guerra. Que al jubilarse, Sancho López había dejado el cerebro en la empresa. Pasó a verlo a eso de las nueve. Después de la muerte de Irene, Sancho había dejado de pasarse por la oficina a saludar a los compañeros, como hacía cada día. Cuando dejó de aparecer, con su chándal y su periódico, continuamente alegando lo feliz que se encontraba pero continuamente atento a todo lo que se cocía en el negocio, el jefe y todos los empleados sintieron un gran alivio, pues cada vez soportaban peor las continuas interrupciones del abuelo. Sin embargo, Francis Guerra presagiaba que algo malo había ocurrido.

Después de tres semanas sin ser visto en la calle, sin contestar a sus llamadas y sin aparecer registrado en hospitales y tanatorios, Francis decidió ir a casa de Sancho. Aunque le asustaba la idea de encontrar algo espantoso, el chico no podía dejar de pensar en aquel pobre hombre que lloró cuando dejó la empresa; y cuando salió del trabajo se dirigió hacia la casa del jubilado, situada en un moderno y algo lúgubre complejo de unifamiliares.

Llamó al timbre. Como en las películas, Francis se imaginaba ya saltando la verja, derribando la puerta y explicando en los informativos cómo había encontrado el cadáver. Sin embargo, antes de lo que hubiera sido habitual en cualquier casa, la voz de Sancho respondió: ¿Sí?

- Eh, Sancho, soy yo, el Francis –
- ¿Qué Francis?-
- Francis Guerra, el analista de ventas-
- ¡Coño, Francis, qué sorpresa, pasa pasa! -

Y abrió la cancela. Caminando hacia la entrada por el jardín, Francis se sintió ridículo. Sin duda, Sancho estaría jodido por lo de su mujer y habría ido a pasar unos días con algún familiar lejano. O quizás simplemente se habría cansado de pasar por la oficina y aguantar indirectas de sus compañeros, de contestar llamadas del trabajo. Sonriendo satisfecho, Francis pensó que siempre había sido un poco alarmista. Pero al abrir la puerta, se percató de que algo no marchaba bien. Sancho lo recibió de corbata, la misma corbata de los últimos veinte años, la misma corbata que no era la corbata de los domingos.

- Pasa, Francis, pasa. No veas lo ocupado que he estado estas semanas. Todavía lo tengo todo desordenado, pero está quedando genial. Ahora verás. Al no estar la pobre Irene tengo más espacio y al final creo que pondré dos o tres mesas más.

Mesas. Sillas. Ordenadores. Cajoneras, Archivadores, folios, impresoras, calendarios. Botes con lápices y bolígrafos, fotocopiadora, plantas artificiales, hilo musical: Sancho había montado una oficina en su casa exactamente igual a la de la empresa. Y lo que era peor, encima de cada mesa había colocado placas con los nombres de sus antiguos compañeros: Javier Méndez, Atención al Cliente. Purificación Gómez, Comercial. Elena Gardel, Proveedores. Rulfo García, Clientes. Y junto a la de Sancho López, Administración, la suya propia: Francisco Guerra, Analista de ventas.

- Arriba está un despacho para el jefe, pero a la becaria creo la pondré en el garaje. Digo yo que tendré que dormir en algún lado, ¿no?

Y se rió a carcajadas. Francis Guerra esbozó la sonrisa más natural que pudo y pensó, mientras asentía escuchando el eco de las risotadas y repasaba cada uno de los detalles de aquella oficina fantasmagórica, que sin duda Sancho, aquel pobre hombre al que la vida sólo le había dejado el recuerdo de su asfixiante trabajo, se había dejado el cerebro en la oficina el último día de trabajo.

16 julio 2005

EL GENIO DE LA BOTELLA

Tengo que hacerme como sea
con la botella de la que has bebido
pues en ella reside, no hay duda,
el genio que me otorgue el deseo
de despertar a tu lado y oler tu pelo,
de escuchar tu respiración
tierna y profunda.

Tengo que hacerme como sea
con el genio de tu hermosura.

10 julio 2005

DIÁLOGOS EN LA CÚPULA

-¿Y a qué crees que se debe el proceso?

-Aún no lo sabemos. Hay algo en este sitio y algo en algunos de nosotros que hace que se active y desarrolle.
-¿Quieres decir que no todos lo experimentan?

-Sorprendentemente, no. No hemos encontrado lógica alguna a esta cuestión, pero lo cierto es que hay algunas personas que no logran el vínculo con la cúpula.

-¿Y cómo sé que yo lo he establecido? Es decir, cuando hemos entrado he notado algo, ciertamente, pero no sé si ha sido la activación del mecanismo o solamente sugestión.

-¿Qué has notado?

No sabría como explicarlo. Al principio, una gran calma cuando ví la cúpula y su inmensidad. Pero por momentos voy sintiéndome peor. Naúseas, sensación de vértigo y lo más extraño… odio. Un odio visceral y a la vez sin dirección.

No es sugestión, amigo mío. Has logrado el vínculo. El proceso siempre comienza así.

¿Tú también sientes el mismo odio que yo?

Ya no. Se te pasará en unos días. Al principio es como una reacción alérgica al proceso, no me preguntes a qué se debe. Pero luego desaparecen las naúseas y esas sensaciones contradictorias.

¿Y qué ocurre después?

No quieras saberlo todo antes de tiempo. Calla y respira profundo… Si hablas mucho te dolerá más.

05 julio 2005

TODAVÍA

No temas
aunque todo se acelere.

Todavía nos quedan
los parques
y el olor a hierba
en la madrugada.