26 noviembre 2005

UN AÑO DE DEAMBULATORIO


Aunque me hubiera gustado celebrar por todo lo alto este año en la red, ya sabéis que he estado ausente por motivos de salud y lo que es peor, que aún necesitaré un par de meses para poder recuperarme del todo. Pese a esto, y con las dificultades que plantea estar sentado tras la más que generosa extirpación de parte de mi tejido sacro, es el momento de no dilatar más la vuelta a este blog que, por los motivos que a continuación os doy, está siendo tan importante para mí.

A todos los que nos mueve el deseo irrefrenable de expresar escribiendo, y sé que muchos de los que leéis estas páginas lo sentís igual que yo, se nos plantean siempre etapas en las que, por diferentes motivos, esta necesidad se aparca de una forma más o menos inconsciente. Normalmente estos motivos suelen estar agrupados bajo la tan políticamente correcta “falta de tiempo”. Pero en mi caso he descubierto, gracias a Deambulatorio y a vosotros, que por encima de esta engañosa justificación estaban mi vanidad y una pueril concepción del oficio de escribir.

El compromiso de tener siempre algo nuevo que colgar en el blog me ha permitido caer en la cuenta de que, por un lado, había olvidado por completo que éste es un oficio que requiere trabajo y cuya destreza depende más de las horas que de la inspiración (de la que tampoco reniego, no me malinterpretéis). Vuestras visitas y vuestros comentarios me han permitido, por otro lado, comprender que había olvidado valorar el proceso de creación por encima de los resultados de ésta. Me había obsesionado con publicar sin tener en cuenta que una obra editada debe ser la consecuencia lógica de un buen proceso de creación, y no la causa ni mucho menos el fin del mismo.

Así, este blog nació inicialmente como excusa para comprometerme a escribir y de paso satisfacer una pequeña parte de esta tonta vanidad de la que os hablaba. Pero me ha dado mucho más de lo que yo esperaba. Deambulatorio se ha convertido en un medio de libre expresión de mi proceso de aprendizaje, al que he dotado de seriedad y creo que he desnudado de exhibicionismo. Y algo más importante aún,
en un espacio de encuentro con otras personas que comparten esta labor, autores de los que me siento orgulloso de poder aprender y a los que respeto por encima de las reseñas y los premios literarios.

Gracias por todo y a todos. Vuelve Deambulatorio.

Javier Benito, Aitor Aguirre, Estrella García, Ana Pérez, Miguel Ángel Argüez, Juan Antonio Bermúdez, Iván Mariscal, Carlos Beaumont, Violeta García, Antonio Alcón, Marian Peciña, tú, Rocío, que me soportas cada día, vosotros, amigos anónimos a los que espero conocer pronto.

5 comentarios:

Noimead dijo...

Qué bien que has vuelto, Ángel. Es una alegría volverte a leer, no te creas que no hemos dejado de revisar tu bitácoras... Ciertamente es interesante, y reconfortante, apropiarse del camino que hay detrás de cada palabra. Disciplina, paciencia y disfrutar intensamente contenido sin dejar arrastrar por el continente. ¡Suscribo las palabras! Un año y que sean más...
Gracias y recibe abrazotes desde Madrid ;)

ana dijo...

Feliz cumpleaños, feliz para nosotros. Que sean más!
Bienvenido, niño.
Besos.

Juan Antonio Bermúdez dijo...

Un abrazo de bienvenida y mucha emoción por tus palabras. Me siento bastante reflejado en tu texto, yo creo que he encontrado en el blog algo similar a lo que tú describes: la conciencia de que la escritura es un camino y no un destino.

Beaumont dijo...

Felicidades Ángel. Sólo por tan magna celebración, por cierto, para acompañar a tu sacro tejido un Stabat Mater como el de Pergolessi puede ser una buena música,sacra, te firmo con el muerto viviente (más muerto que otra cosa) y que no se me enfade el resto.

garcía argüez dijo...

pero con qué lucidez has vuelto! pero qué generosa humildad! pero qué bien explicado!
si alguna vez tengo que explicar los motivos por los que mantengo en activo un blog, no dudaré en copiar y pegar palabra a palabra esto que dices.
Gracias a ti, angelillo,por volver.
Y que cumplas muchos más.