19 diciembre 2004

CRIATURITA

Esta tarde iba en el tren cuando a la altura de La Rinconada se subió una señora con su lindo niño de tres o cuatro años. A partir de ahí lo que había sido un trayecto más o menos tranquilo se convirtió en una lucha entre el pobre chaval y mi paciencia. Empezó haciendome monadas (mirándome, riéndose, diciéndome ¡Hola!) a las que yo, que me he considerado siempre muy amante de los niños (entiéndase, no piensen que soy un enfermo) contestaba entre cortés y porqué no decirlo, enternecido. Pero pronto el chaval debió pensar que me iba a resultar más divertido entablar una dialéctica del insulto, y empezó a llamarme gordito y gafotas, a lo que yo le hubiera contestado hijoputa de buena gana, pero soy educado y simplemente me encerré en mi librito para que el chaval entendiera que a mi no me iba la violencia verbal. La madre, sorprendentemente, pasaba del especímen, y mientras el niño seguía insultándome con total deslealtad (sabía de sobra el enano cabrón que no podía defenderme por esto de la educación y del pobrecito-es-solo-un-chaval) ella ojeaba una revista y sólo de vez en cuando soltaba un –siéntate, anda- que era tan persuasivo que la criaturita directamente se lo pasaba por el forro.

Si mi padre hubiera sido la señora y yo el chavea, probablemente la situación hubiera sido bastante diferente, y el pobre señor cuyo papel encarnaba yo veinticinco años después no hubiera tenido siquiera que soportar el ¡Hola! Al que yo, lamentablemente, respondí. Antes, pensaba, los chavales estábamos educados, estudiábamos la E.G.B. que era un sistema cojonudo y sabíamos respetar a los mayores y a los gordos con gafas... Y una mierda. La triste realidad es que estaba sufriendo un arrebato de conservadurismo generacional que me ha deprimido bastante. Me sentí viejo (palabra maldita en nuestro siglo XXI) y me asusté. Así que para expulsar al viejo carca que está empezando a gestarse en mi interior decidí pasar a la acción y jaleé a la criaturita para que me purificara con sus insultos, diciéndole –sigue, sigue- y –tú lo eres más (por feo)-. Entonces la madre sí que ha reaccionado, levantándose hecha una fiera e insultándome como se ve que enseña a su hijo a hacerlo. Antes de poder yo explicarle todo el proceso mental que había detrás y cómo en realidad esa situación era positiva tanto para su hijo como para mí, se ha llevado a la criaturita a otro vagón superindignada. Ni que yo hubiera empezado, vamos.


(Nota para el lector: la situación anteriormente descrita se basa en hechos sólo parcialmente ciertos. En el momento de empezar a insultarme el chaval el que se tuvo que cambiar de vagón fui yo.)

2 comentarios:

javierdebe dijo...

Yo creo que la combinación 'LOGSE-Teletubbies' nunca podrá competir con 'EGB-Barrio Sésamo'. Y lo sorprendente es que estando hecha la primera para formar niños tontos el resultado es el contrario: niños cabrones!.
Debiste haber recurrido al infantil a la par que efectivo: "Tú cien veces más" y "Rebota rebota, tu eres una pota y tu mamá tupotamadre!!".

Kevin Berdan dijo...

Rather disputable.